Tres monos sabios.

Cuaresma. Catequesis de confirmación en el Centro Loyola de Murcia. Ya somos mayores y hemos vivido una Cuaresma en clave pastoral. Hoy toca profundizar un poco más. Aterrizar en la fe, viajar a nuestro desierto interior y revisar todos aquellos trastos viejos que acumulamos. Pero, ¿cómo le explicas a adolescentes acostumbrados a las nuevas tecnologías todo esto? 

Se me ocurrió explicarles una historia que conocen muy bien: el ciclo vital. Pero no, no intentaremos aburrirles con historias o charletas. Para empezar viajaremos a Japón. Lo haremos con este Prezi (Pinchar en el mapa)

mapa fisico japon

Al norte de Tokyo hay una población llamada Nikko, que guarda un mausoleo en el que podemos ver talladas, como si fueran viñetas, las diferentes etapas de la vida, representada por monos. Esta secuencia, rodea todo el mausoleo de manera que la última engarza con la primera. La explicación de las viñetas la encontramos en ESTA entrada del blog Una japonesa en Japón. 

Los tres monos (en japonés san saru), también conocidos como los «tres monos sabios», están representados en una escultura de madera, situada sobre la tumba del santuario de Toshogu, construida en honor de Tokugawa Ieyasu, en Nikko, al norte de Tokio (Japón).

Los nombres japoneses de los tres monos —Mizaru, Kikazaru, Iwazaru— quiere decir  «no ver, no oír, no decir», sin especificar lo que los monos no ven, oyen o dicen.

El significado del tema de los tres monos es complejo y diverso,

**Una leyenda dice que los monos eran espías enviados por los dioses para enterarse de las malas acciones de los hombres; la representación de los monos ciego, sordo y mudo debió surgir como medio de defensa mágico contra dicho espionaje.

**Entre las gentes de la época, el sentido era el de «rendirse» al sistema. Se refería a un código de conducta que recomendaba la prudencia de no ver ni oír la injusticia, ni expresar la propia insatisfacción, para no ser castigados por los poderosos. (Sentido que perdura en la actualidad).

En realidad, se sabe que el origen de esta leyenda y creencia popular, está en la traducción del código moral chino del santai, una filosofía que predicaba el uso de la vista, el oído y la comunicación verbal en la observación cercana del mundo del día a día. Este significado real es entendido como No ver el Mal, no escuchar el Mal y no decir el Mal.

O lo que es lo mismo: indican lo que se debe hacer para ser sabio.

  • negarse a escuchar maldades;
  • negarse a mirar maldades;
  • negarse a comunicar maldades.

Para nosotros que somos cristianos, el triple gesto y lo que quiere significar, nos da pie para reflexionar en conciencia. La caridad cristiana nos llama a evitar maldades. Pero si no eres creyente y te escudas en el ateísmo, como ciudadano, la normal convivencia humana nos exige también evitar maldades.

Pero los malos ejemplos abundan y son una tentación diaria de hacer la maldad o devolver la maldad que nos han hecho. En Cuaresma, Jesús nos invita a retirarnos a nuestro desierto, a nuestro interior… a ese lugar donde sólo estamos nosotros, nuestra conciencia y enfrentarnos a la realidad de encontrarnos ese espacio algo enredado y sucio por la de trastos que hemos dejado por enmedio.

1. NEGARSE A DECIR MALDADES

  1.  Injurias, insultos, palabras ofensivas o que humillan.
  2.  Palabras de odio, de rechazo… Violencia verbal.
  3. Mentiras, verdades a medias.
  4.  Negarse a difundir bulos y noticias sin confirmar.
  5. Negarse a decirlas ni por escrito, ni por anónimos, ni por medio de Internet.

2. NEGARSE A ESCUCHAR MALDADES

  • Críticas y cotilleros que destruyen la fama de otras personas.
  •      Interpretaciones maliciosas del físico de otras personas, de sus aficiones, sus amistades.
  •      Negarse a conversaciones que mal-forman nuestra sensibilidad respecto al amor, la sexualidad, el chantaje, los sentimientos de venganza…
  •      Negarse a seguir tales conversaciones también en los Chat y grupos de Internet.
  •      Negarse a seguirles la corriente a los que acosan, los que hacen campañas injustas…

3. NEGARSE A MIRAR MALDADES

  •     Una cosa es estar informado y otra cosa es recrearse en lo morboso.
  •      Negarse a hacerle el juego a la pornografía.
  •      Negarse a espectáculos crueles, a videojuegos crueles y violentos.
  •      Negarse a mirar maldades, y a buscarlas, en TV o Internet.

 

4.NEGARSE A REALIZAR MALDADES

  • Al orgullo, la chulería, el no respetar a los otros, sobre todo si son débiles…
  •      A la injusticia, al abuso sobre los débiles.
  •      A la irresponsabilidad en el trabajo (estudio).
  •      A ejecutar venganza, a recurrir a la violencia, a dejar suelto el mal genio.

 

5.Y SÍ APUNTARSE

  • A la noble amistad, a la ayuda y la solidaridad.
  • Al amor de familia, a la solidaridad familiar.
  • A un corazón compasivo, que piensa en los demás y consuela en las penas.
  • A la verdad pura, a la justicia, a elegir con conciencia y responsabilidad.
  •  A la comprensión, a la tolerancia, al perdón.
  •  A dejarse iluminar por la LUZ de Jesucristo y sus enseñanzas.

 

(tiempo de reflexión en silencio)

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ORACIÓN COMPARTIDA.

  1. Sólo por hoy, trataré de hacer frente a lo de este día, sin querer resolver los problemas de mi vida, todos de una vez.
  2. Sólo por hoy, tendré mucho cuidado con mi educación: cortés en mis modales, sin criticar a nadie y sin pretender corregir a los demás, sino sólo a mí mismo.
  3. Sólo por hoy, trataré de ser feliz, sin ‘picarme’ con los demás cuando creo que me atacan.
  4. Sólo por hoy, trataré de adaptarme a las circunstancias sin pretender que las circunstancias se adapten en cada momento a mis gustos y deseos.
  5. Sólo por hoy, dedicaré un tiempo al libro que estoy leyendo; porque, como el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así la lectura es necesaria para alimentar el alma. La tele puede esperar.
  6. Sólo por hoy, haré una buena acción y no lo diré a nadie: la verdadera generosidad no busca nada a cambio.
  7. Sólo por hoy, haré al menos una cosa de las que no me gusta hacer. A ver qué tal me siento.
  8. Sólo por hoy, me haré un plan de trabajo: Quizá no lo cumpla del todo, pero lo escribiré, y evitaré dos desastres: las prisas, y el dejar lo que tengo que hacer para luego.
  9. Sólo por hoy, creeré firmemente que Dios me quiere y se ocupa de mí como si nadie más existiera en el mundo.
  10. Sólo por hoy, no tendré miedo. Especialmente no tendré     miedo a disfrutar de lo que es bello y a creer en la bondad.

Papa Juan XXIII

 

Créditos:

Oración: Mochila Pastoral sj.

Wikipedia “Tres monos sabios”

Fotos del Prezi e historia: “Una japonesa en Japón”

Música: Banda sonora de “Memorias de una Geisha. Confluence”

¿Es la frase “En Jesús todo lo tenemos” un calco del “Sólo Dios basta”?

La Madre Cándida, fundadora de la congregación de las Hijas de Jesús. Ellas mismas, sus hijas, me invitaron a compartir en la web FI internacional, mis impresiones sobre una de sus frases más conocidas, coincidiendo con la celebración del año teresiano. Agradecida por tanto: por poder compartir carisma desde el laicado con las herederas de tan increíble mujer, agradecida a la Madre Cándida, que me escuchó en su día y me abrió las puertas de su casa de par en par.

“Celebramos el Año Teresiano. En el corazón… toda la vida entregada a Dios. Santa Teresa nos ha inundado con su generosidad, su vitalidad, su fuerza. Y hoy celebramos la fiesta de nuestra Santa Cándida. Por eso, hemos enviado a laicos y a Hijas de Jesús esta pregunta: ¿Es la frase “En Jesús todo lo tenemos” un calco del “Sólo Dios basta”?”

Puedes leer la entrada, visitando su web Aquí.

Si quieres leer las aportaciones de muchos de los integrantes de la familia FI, puedes pinchar Aquí

“No acertaba a escuchar dónde me llevaba Dios ni a entender qué hacía yo allí”

Si conociéramos el futuro, la vida perdería todo su encanto.

Si supiéramos qué nos va a pasar, si pudiéramos mirar “por un agujerito” a dónde nos llevan los caminos que tomamos, daríamos al traste con las sorpresas y nos volveríamos grises y aburridos. Es verdad que muchas veces sería insoportable conocer con antelación, aquellos futuros capítulos de nuestra vida que nos han de llegar cargaditos de dolor, porque además de las complicaciones que nosotros mismos nos buscamos, siempre hay algo doloroso que nos toca de refilón… o de lleno.

Hace una semana, me imponía unos días de discernimiento tras haberme quedado en el paro. Tenía claro que pronto volvería a la actividad laboral, pertenezco a una lista de interinos en la que me sitúo con alta puntuación. Siempre dije: “a mi nunca me faltará, si me falta a mi… todo el mundo estará parado”. Pero llegó. Esa situación de incertidumbre sólo duró dos horas, tiempo tras el cual recibí una llamada ofreciéndome un nuevo contrato, pero tiempo suficiente para que mis pies tocaran tierra y mis sentidos se abrieran al discernimiento.

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Llevo en mi trabajo desde el año 1993. Siempre atendiendo al público. Empezó como un trabajo temporal y ocasional que me ayudaba a pagarme los estudios y ayudar a la familia y se convirtió en algo parecido a una cárcel de la que no he podido escapar… hasta hace unos años. Me explico. Yo nunca quise ser administrativa, quienes me conocen saben que de siempre odié el papeleo y la burocracia. Durante muchos años, algo se retorcía dentro de mi cuando tenía que rellenar un cuestionario poniendo ADMINISTRATIVA en la casilla “Profesión”… o cuando los demás me preguntaban “¿qué eres?”

Te preguntarás: ¿y cómo es que has escapado si sigues en el mismo trabajo?. Sencillamente, acepté que era mi sitio. Mi trabajo no sólo es la actividad que me aporta el sustento para vivir (eso era hasta hace poco), ahora, además, es el lugar donde tomo contacto con los demás, con la parte más propia de los demás. Porque el apellido de mi profesión es SANITARIA. Y pienso que el Señor sabía lo que se hacía al ponerme ahí. ¡Tantas veces he intentado escapar de ese trabajo y tantas otras me he estrellado en el intento!. Aceptar con humildad Su voluntad, me ha liberado. Poner mis dones al servicio de los demás y no sólo ir a cumplir el horario y desempeñar mi trabajo, me llena cada día. Sí, cada día tiene sus más y sus menos (cada día trae su afán, que dice el Evangelio)… pero igualmente, los tendría y yo viviría más triste.

Cuando recibí la llamada, me ofrecieron cuatro puestos. Todos los “buenos” contratos estaban repartidos, eran los cuatro últimos… todos temporales. Y debía elegir uno. Me la jugaba para una temporada. Al momento, me tentó el único que no tenía atención al público. Después de tanto tiempo y algo desgastada de mi último contrato, era la mejor opción para mi. Pero está claro que no eran los planes de Dios.

Tres días más tarde otra llamada volvió a poner en juego el discernimiento. Era la primera en la lista para un contrato de larga duración. Otro lugar diferente, atención al público, otra vez a la trinchera, como llamamos al mostrador los del gremio: ¿aceptaba?.  Mi cabeza voló sopesando pros y contras. Mi corazón permaneció tranquilo y mi ánimo sereno.

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Como en las contemplaciones de las oraciones, llegó a mis ojos la capilla del hospital que debía ser mi nuevo lugar de trabajo y la talla de la Virgen de la Arrixaca; llegó a mis oídos las veces que dije en voz alta “si tuviera la suerte de disponer de una capilla abierta las 24h”… Sí, acepto. Allí es donde Dios quiere que vaya. A ocuparme de la humanidad herida. A construir su Reino.

Valiente misión para un alma tan pequeña.

Después de tres días en ese nuevo puesto, empiezo a entender qué hago yo allí y doy gracias por ello, porque al igual que Pablo Veiga SJ, “no acertaba a escuchar dónde me llevaba Dios“.

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Amor de madre.

A principios de mayo, entreparéntesis se puso en contacto conmigo para proponerme escribir una entrada en su web.

Querían hacer un mes temático a las madres y habían pensado que yo podía inaugurar el primer domingo.

Hacía mucho que no escribía. De hecho, este blog está en suspenso desde hace ya ni me acuerdo… Tengo la suerte de escribir cuando quiero y no por profesión. En este tiempo que ha pasado, mi vida ha sufrido cambios, ha evolucionado, han surgido temas que necesitaban mi atención más urgente. Por eso agradezco infinito a mis amigos de los diálogos en las fronteras, que me invitaran a volver al mundo bloguero.

Puede que sea una indicación de lo alto, para recordarme que debo seguir alimentando este rincón de la blogosfera. No se. Debo discernirlo. Debo encontrar la chispa para poder compartirla.

De momento, os dejo la entrada íntegra que también puedes leer en la página original (pinchando aquí).

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Como madre, tengo la bendición de disfrutar de dos hijos muy especiales.

Como todas las madres, se me cae la baba viéndoles crecer y me da un vuelco el corazón cuando se ponen enfermos o cuando sufren injusticias. Como todas las madres, pienso que los míos son los más guapos, los más altos (eso sí es verdad, lo dice el percentil de sus cartillas infantiles) y los más cariñosos del mundo entero. Y no me corto un pelo para decírselo y que lo sepan, ¡que lo tengan claro!: para su madre, ellos son lo mejor… como para cada madre lo son sus hijos (eso también me preocupo por que lo sepan).

Por mucho que mis dos “enanos” me regalen los oídos, yo sé que no soy la mejor madre del mundo. No me importa. Creo que esta vida es un camino que discurre en un momento y un lugar concreto y, al igual que los niños no vienen con un libro de instrucciones debajo del brazo, a ningún padre o madre le hacen un examen, tipo “carné de conducir”, que diga si somos aptos para circular por la vida con un hijo a cargo.

Pocas horas después de mi primer parto, una enfermera me dio el mejor consejo: “No mires a tu hija como un apéndice de ti, sois dos personas diferentes. Ahora tenéis que aprender a trataros y a quereros la una a la otra”.

EL AMOR. El amor entre una madre y su hijo. Da igual qué madre y qué hijo. Creo que esa es la receta que nos salva de todo error u omisión. Da igual el tipo de madre que seas o la situación en la que te encuentres, siempre que te defina ese vínculo.

Como soy consciente de no ser una “madre perfecta” procuro mirar alrededor y APRENDER de otras madres que me parecen mucho más ejemplares que yo.

Tengo muy presente, por ejemplo, la ENTEREZA y la CONSTANCIA de las madres de hijos con necesidades especiales. Nunca se rinden ante el golpe de saber y aceptar que su hijo no es como los demás. Ver cómo muchas veces, son marginados y marcados por una sociedad que no les entiende ni les ayuda. Sí que socialmente hemos recorrido mucho camino en este tema, pero burocrática e institucionalmente queda todavía mucho por recorrer.

Me enamora la GENEROSIDAD de las madres que no han concebido en su útero, o que acogen por limitados espacios de tiempo ¡Qué fácil es ser madre amantísima de una criatura nacida de ti! ¡Qué fácil es regalar tu amor a los hijos que te pertenecen!… qué fácil olvidarse de los demás hijos, de las demás madres.

Me contagio de la FUERZA de las madres solas, de su LUCHA por sacar adelante a esas criaturas contra viento y marea o, peor aún, siendo objeto de malos tratos. Sufro (he sufrido y he llorado) junto a madres que han decidido despedirse de sus hijos antes de que ellos vieran la luz de esta vida… algunas llorando amargamente esa despedida. ¿Quién soy yo, que tengo casa y trabajo estable y dos hijos sanos, para condenarlas? ¿Acaso no sé también cuánto se quieren los hijos, sólo por ser hijos?… También sufrí y recé junto a una madre hindú que por AMOR, luchó por la vida de su hijo nonato condenado por la medicina. Y me alegré dando gracias, cuando nació sano. Lo mejor es que ella lo deseaba aún si no lo hubiera estado.

Me parte el alma pensar en los regazos vacíos de las madres de las niñas secuestradas en Nigeria, casadas a la fuerza. Muchas no volverán a sus hogares, por desgracia. Hice mío esta Navidad, el DOLOR de una madre siria a quien el ISIS arrebató de las manos a su hija de tres años, con el mismo fin.

Tampoco puedo ni pensar la desesperación que sentirán las madres que por causas de guerra o carestía o por marginalidad social, no puedan alimentar a sus hijos.

Me duele pensar en las madres cuyos hijos, o ellas mismas con sus bebés en brazos o por nacer, se lanzan a cruzar el mar en una patera. ¿No haría yo lo mismo con tal de asegurar a mi hijo una vida digna, un futuro… el pan de cada día?

Ante todas ellas, me miro y siento la pequeñez de ser una madre más. Siento el “egoísmo” de poder abrazar, alimentar y vestir cada día a mis hijos, en cada momento. No es una CULPA, es una “RESPONSABILIDAD de compartir”.

Ante ellas educar a mis hijos, se convierte en la ALEGRÍA de poder enseñarles a caminar y a construir nuevos caminos en el futuro más justos para todos.

Como creyente, miro a la madre de Cristo y le pregunto cómo amó ella a su Hijo, en cada momento. María, en silencio, siempre me enseña el buen camino.

Confieso, que la asignatura que más me va a costar es aprender a dejarles volar. Y ¡qué dicha si vuelan solos y con alas fuertes!

Gaudete!

Domingo Gaudete. La luz que nos ilumina desde dentro.

Hoy hace un año que acababa mi primera semana de ejercicios espirituales de mes.

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Hacía tiempo que había sentido la gracia de la conversión y tenía miedo:

Yo, una insignificante persona que se había equivocado muchas veces, empequeñecida por el frío y el calor implacable del desierto y que vivía a oscuras desde hacía algún tiempo, no sabía qué hacer con una Luz tan maravillosa y reparadora.

Vivía esa historia de amor en lo privado: ni siquiera mi marido supo lo que empezaba a nacer en mis adentros, porque no sabía cómo explicarle y que me entendiera, no encontraba palabras humanas que tradujeran todo aquello sin hacerme parecer… loca.

Seguí buscando respuestas…  preguntando a Xiskya y a Michele Valsón, siempre accesibles, para asegurarme de contestar mis dudas, sin que ninguna de las dos supiera de qué les hablaba.

Él me respondió a través de ellas… No tengas miedo, gusanito de Israel… Una luz no se enciende para esconderla debajo del celemín… Te llevo tatuada en la palma de mi mano.

Y me aventuré a encontrarme a solas con Él. En nuestros diálogos recuerdo que le pedí: Padre, yo se lo que es andar en la oscuridad y el frío. Si esta luz se apaga (Yo, mi luz) habrá sido bonito, si me he perdido una vez, seguro que sabré volver al mismo sitio otra vez; pero si alguien ve esa luz, ese faro y en su camino a puerto pierde la seguridad de la guía, con eso no podría. Prométeme que esta luz nunca se apagará, porque no quiero que quien la esté viendo se pierda en la negrura.

Y llegó el Domingo Gaudete y el final de esa primera semana. Nunca retes a Dios, si no estás dispuesto a aceptar lo que te diga… porque Él siempre responde.

“¡Hágase!… donde Tú quieras, iré.”

Y Él… encendió una fogata que no quema, un abrazo eterno, alegría serena que no cesa, vista, oído…

Tardé un tiempo en entender que no era “mi” luz, era la Suya. Y nunca se apagará porque Él es la luz.

Ya no quiero fama, no me interesa el klout de mi persona. Casi no publico en mis redes, lo hago en las Suyas. Hoy me afano limpiando los cristales de mi farol porque deben ser transparentes… nada puede impedir que esa luz los traspase.

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AMDG

iMisión: Llenando de Evangelio el continente digital.

Este mes de Julio he tenido la gran bendición de conocer a los Centinelas de la Mañana, son jóvenes de entre 13 y 24 años que pertenecen al movimiento de la Renovación Carismática y llevan la alegría del Espíritu allá donde van.

Ellos celebraban un campamento anual de verano a nivel nacional en Guadarrama (Madrid) y fui invitada (en nombre de iMisión) para hablarles de la evangelización digital. 

Tengo que darles las gracias por su alegría y participación y espero que lo que allí hablamos y compartimos les pueda servir en su día a día. Como varios de ellos se mostraron interesados en la documentación que les presenté durante el taller, he decidido publicarla y ponerla al alcance de quien la necesite.

He dejado esta presentación de powerpoint en las manos de iMisión, si la necesitas escríbeles (www.imision.org) y solicítala.