Un jardín de Hadas.

Llegó el día en el que dejaron de dormir juntos.

Había que preparar una habitación especial para la princesa de la casa. A ella le encantan las hadas. Se sabe todas las historias en las que aparecen.

Escogimos un color verde botella para pintar una de las paredes en la que sólo se apoyaría un espejo, una mesa y un perchero con el cuadro en punto de cruz de los ositos (os lo enseñaré en otra entrada).

En la pared opuesta, pintada de blanco, en la que iría la cama (blanca también) se me ocurrió pintar un gran sauce donde habitarían todas las haditas que llegaran a aquella habitación.

Las hadas son muy juguetonas, y les encanta la naturaleza, así que habría un jardín lleno de plantas y rincones donde esconderse.

El resultado ha sido, un lugar mágico al que siempre quiere volver.

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