Con un lápiz y dibujando… ¡¡se pasa el tiempo volando!!

Desde bien pequeñita descubrí que dibujar no se me daba mal. Quizá por eso mis padres me apuntaron a unas clases de pintura al óleo en las que (además de hacer amiguitos) aprendí nociones básicas de luz, color, dibujo, procedimiento al pintar…

Me encantaba pintar.

Pero tener siempre en casa preparado el caballete no era posible, y montar y desmontar, poner, limpiar y quitar todos los utensilios para un ratito era demasiado engorroso. Ni que decir tiene que mantener tarros con trementina y barnices además de engorroso era bastante peligroso. Así que acabé arrinconando los pinceles.

Cuando llegué a la universidad, en la asignatura de dibujo, me pidieron varios estudios gradualmente más complicados, hasta que llegó la copia al natural. Daba igual de qué (si naturaleza viva o muerta) pero tenía que ser copiado sin transferencia de ficha. Sólo valía la observación y un lápiz.

Escogí una figura que todavía ronda por la casa de mis padres, me puse música.. y empecé pensando que sería una tarea imposible.

El resultado me sorprendió a mi misma. Fuí capaz de terminar sin demasiados retoques y sin romper la hoja una sóla vez.

Y si.. con los lápices de colores podía dibujar y PINTAR igual que con los óleos, y además llevármelos a todas partes.. eso había sido una gran conquista.



Cayó en mis manos este libro, y pensé que podía intentarlo.

Soy bastante autodidacta. He aprendido muchas cosas sola, leyéndolas de libros y manuales.

El libro es muy asequible. Empieza con dibujos sencillos, explicando técnicas muy resultonas y efectistas.

Recuerdo que uno de los ejercicios era dibujar a todo color, dos vistas del Parque Güell de Barcelona sólo utilizando los colores primarios más el negro (negro, azul, amarillo y rojo). ¿¿Imposible??, no. Esos dos dibujos que conseguí terminar, ahora cuelgan en un rincón de la casa de mis amigos Alain e Hiromi en Den Bosch (Holanda).

Me crecí. Tengo que reconocerlo. Si era capaz de conseguir unos cuadros tan coloridos con sólo 4 colores, ¿qué pasaría si utilizaba los 36 restantes de la caja?

Pues tenía que intentarlo, aunque el proyecto propuesto para dibujar por el autor del libro tenía miga: el retrato de su nieta.

Seguí las instrucciones paso a paso y no fué difícil conseguir este resultado:

Lo malo, o lo bueno que tienen los retos es que por difíciles que parezcan, cuando los acabas eres incapaz de quedarte ahí; siempre necesitas subir otro escalón. Ese escalón llegó cuando mis padres celebraron sus bodas de plata. Tenía que hacerles un regalo y no tenía dinero para comprarles nada importante como ellos se merecían. Así que me acordé del señor Parramón y de sus enseñanzas, y me aventuré a hacerles unos retratos.

Pero eso, os lo enseñaré en otro momento.

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