Mis queridos padres.

Como dije en otra entrada, hubo un día que quise hacer un regalo. Un gran regalo. Pero lo que se merecían esas personas no estaba a mi alcance comprarlo. Entonces se me ocurrió que podía entregarles un poquito del amor que ellos me entregaron, una pizquita de la confianza en mí que siempre demostraron.

Quizá no sería un gran regalo, pero llevaría todo el orgullo de unos hijos agradecidos.

Aquí os presento a mi padre (con poco más de 18 años)

Y a mi madre. Reconozco que el retrato no le hace justicia.

No seré muy dura con mis primeros retratos ‘de verdad’. Ya mostraré otros que vinieron después.

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