Los refranes de la abuela.

Últimamente se escucha muchas veces aquello de “ahora ya no se dice ‘gracias’ ni ‘por favor'”.  La manera en la que nos educaron hace unos cuantos años, no es la que los niños de ahora están creciendo.
Los que ahora estamos por la cuarentena, recordamos a unos padres más estrictos y espartanos de lo que podemos y queremos ser nosotros. Durante un tiempo, incluso, se puso de moda eso de ser “colegas” de los hijos. Y eso nos ha llevado a no saber poner límites a los comportamientos de los vástagos que a veces, se nos suben por las barbas.
Cada uno es muy libre de educar a sus hijos como le plazca, no vamos a decir aquí cómo debemos hacerlo. Aunque sí vamos a proponer algunas máximas que se nos han quedado en la memoria y ante las que reaccionamos nada más oirlas.

 
¿Control o Libertad? Dicen los expertos que ni una cosa sólo, ni la otra, aunque si hay que pecar de algo, que sea de firmeza. Ojo!: “firmeza” no quiere decir “austeridad”, ni “marcialidad”.
En realidad es una mezcla de control y de libertad, pero con mucha firmeza.
Ser padres es una tarea ardua. Los niños nos llegan sin habernos sacado el carné de progenitores y sin un libro de instrucciones debajo del brazo.
Piensa que ese hijo pequeñito, ese bebé, en unos años se habrá convertido en un enano que se te subirá a la chepa, y en unos pocos más en un adolescente que te retará colmando tu paciencia… mejor empieza a llevarte bien con él y a observar unas distancias.
 
*Soy tu madre, y tu amiga… pero ante todo, soy tu madre. Amigos encontrarás muchos a lo largo de tu vida, madre (como decía la canción) sólo hay una. Tú llegaste a mi responsabilidad, y mientras no seas capaz de volar por tí mismo, soy responsable de ti. Eso no quita de que tengas toda la confianza para contarme lo que quieras.
 
 Pero no podemos pedir a un adolescente de repente que nos hable, si hasta ese momento le hemos martilleado con otra frase genial:
 
*Cuando los mayores hablan, los niños se callan. Si, ya se que no es de recibo que un niño se entrometa en conversaciones que no son de su nivel, y también se que cuando un hijo se engancha en el “mamaaaaaaaaa, mamaaaaaaaa, oye, mamaaaaaa” mientras estás en una interesante conversación con otra persona, te sale de dentro  pararlo en seco, pero nunca me ha gustado eso de mandar callar a los niños sólo porque dos adultos estén hablando.
Los hijos tienen que saber que interrumpir conversaciones no está bien. Tienen que saber que las conversaciones de adultos son de adultos y que ellos están fuera de contexto, pero no le repitas a tu hijo el mensaje de “CÁLLATE, AHORA NO, SILENCIO” y luego esperes a que te hable cuando tú lo desees, allá por los 15 años.
Si en algún momento tu hijo te plantea esa situación de empezar a tirar de tu brazo para llamar la atención, escúchale y explícale que hay un turno de palabra. Que sólo las cosas urgentes merecen interrumpir conversaciones. Eso sí, respeta también ese turno de palabra cuando la conversación la estés manteniendo con él. Así sabrá que es importante para ti, aprenderá el respeto y aprenderá una norma valiosísima que empezará a utilizar en el colegio: respetar el turno de palabra.
Aprenderá otra norma valiosa para su vida: respetar y escuchar al prójimo, y hablar cuando le toque (y deba).
 
*Quien parte y reparte, se lleva la mejor parte. Uy, esa frase es muy de niños. Bueno, puede que la frase no, pero los hechos… a ver quién no conoce un niño que después de una regañina y un enfado con sus padres, no es capaz de “compartir” una miseria de trozo con su hermano o amiguito.
Jejejeje, que nooo, hijo, que se ofrece para que coja, que se da el trozo más grande.. “Sí, sí.. a ver si tu eres así de expléndida con tus bombones, cacho traidora!”, dicen sus ojos.
Pues mira, una solución buenísima que te exime de la responsabilidad y se la cede completamente a ellos es una que llevo usando con mis hijos desde que un amigo me hizo reflexionar sobre ella, y es: “Uno parte y el otro escoge”. Verás qué pronto se soluciona el tema. Verás que dos partes más iguales consiguen partir… porque el que parte querrá que sean iguales ya que el otro escogerá la más grande. Y el que espera a escoger, lo hace complacido sabiendo que las dos partes no serán exactas y podrá llevarse la que más le guste. Verás qué forma más cómoda de lanzarles la pelota a su tejado y verás cómo aprenden el sentido de justicia.
 
 
*No toques!! No corras!! No te subas!!… Te vas a caer!!! O no?? Cuántas veces nos oímos en estas a lo largo del día? Se va a caer menos veces tu hijo por decírselo mucho? O lo que conseguirás es que nunca intente saltar por miedo a caerse?
Confieso que yo misma tiendo a ser una “mamá controller”, y confieso que he tenido que reflexionar muchas veces sobre su propia libertad a equivocarse. Claro, mientras han sido pequeñitos y apelando a esa responsabilidad que decía al principio. Les hemos guiado en lo bueno y en lo malo: “no toques la puerta del horno, porque te quemas. Mira, (cuando empezaba a ponerse tibio y dirigiendo su manita)… uy! quema!.. no se toca!”… y no te preocupes, que no lo tocará, no. Los niños son niños, pero no son tontos.
¿No subas la escalera que te caes?… mmmm noooo.. “sube, hijo, sube.. poco a poco, yo te espero, te observo, te ayudo, te acompaño.. hasta que me aseguro que sabes subir y bajar tú sólo”; te dejo espacio, me retiro poco a poco, te miro de reojo.. y si te caes no pasa nada, se vuelve a intentar.
La confianza en él es la clave. Y esa confianza, ese esfuerzo por no agarrarlos en un puño cada vez, crece y crece más hasta que llega el día en que empiezan a salir con los amigos… Pero eso lo hablaremos largo y tendido en otro momento.
 
*Eso verde no me gustaaaaa!!!!! …. y eso naranja tampoco, y ni lo rojo, ni lo azul!!!!…. Llega un momento en el que se niegan a comer. Nada les gusta. Parece como si de repente, hubieras cambiado todo el recetario de comidas. Empiezas a desesperarte. ¿Qué les haces de comer? ¿Debemos ceder y dejarlos comer aquello a lo que nunca ponen problemas sólo por no tener la batalla campal de cada comida, merienda y cena?… rotundamente, no. Siempre podemos negociar, y tratar de dejarles escoger tres alimentos prohibidos. Ellos pueden repudiar las sardinas.. pero ojo!! no pueden repudiar el pescado. Pueden repudiar el tomate, pero no las judías. Pueden repudiar el plátano, pero no la manzana. Los niños deben comer variado y de todos los grupos alimentarios, pero los niños son personas con gustos y al igual que a ti te gustan y te disgustan ciertos alimentos, llega el día en que ellos descubren su propio paladar.
Cuando le introduzcas un alimento nuevo hazlo siempre de tu plato. Si se muestra reticente, deja que sólo lo olfatee. Dile que no quieres que lo coma, si no le gusta, pero que merece la pena, porque está riquísimo. Si lo que huele le gusta, pero no se atreve a introducirlo en la boca, pídele que lo chupe, que sorba el juguito. Si llega a ese punto..  tu hijo ha perdido la batalla y se rendirá a ese pedazo de pulpo que le daba tanto “azquito”. Seguro!.
 
Como decíamos al principio, la firmeza es la clave. No se trata de ser déspotas, se trata de mostrar siempre una actitud. Ser ese refugio que los hijos van a necesitar y, estar en el mismo sitio siempre, les va a garantizar saber cómo llegar.
 
Hasta la próxima entrada.
 
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