¿Tenemos fecha de caducidad?

Foto: diario La Razón.

Foto: diario La Razón.

Hace unos días hablaba con unas amigas sobre el camino interior. Me preguntaban cómo había encontrado la manera de transitarlo con fe. Después de un ratito de charla, nos despedimos y nos prometimos seguir intercambiando experiencias, pero yo me quedé un poco más en ese interior pensando en vivencias trascendentales que han removido mis cimientos. En cómo dejé de temer a la muerte, por ejemplo.

Quizá fue premonitorio, no se.. pero al día siguiente, desde San Pedro, el Papa se deja caer con este mismo tema. Puedes leer lo que comentó visitando la misma noticia que leí yo, pinchando aquí : “La vida no termina con la muerte“.

Bueno, hay muchos que no creen y otros tantos que, aún creyendo, dudan. Encontrar a Dios es tener la certeza de que con la muerte sólo acaba el sufrimiento. Sí, hay muchas cosas que no entendemos: no entendemos porqué las personas que queremos mueren y nos dejan, porqué hay enfermedades crueles que atacan a los más débiles y a los menos.. por que cuando son crueles da igual la fortaleza que tengas, te ataca igual. Pero en definitiva, eso son temores de la vida mundana.

Yo no le tengo miedo a la muerte, le tengo miedo al horror de la vida. A la enfermedad, al sufrimiento, a la soledad, a la injusticia, al dolor que nos causamos mutuamente cada día…

Puede que os acordéis de un anuncio que hace unos años se emitía por televisión, en el que un muchacho que miraba un escaparate de repente se daba cuenta, por su reflejo, que tenía algo escrito en la frente. Se acercaba a mirarse y descubría que era una fecha de caducidad. Puede que os acordéis… o no, porque lo he buscado y no he sido capaz de dar con él. Ni siquiera recuerdo lo que anunciaban, pero esa idea me rondó mucho tiempo en mi interior. Todos tenemos fecha de caducidad. Todos nacemos con la premisa de morir. Nadie se salva de eso.

Vive plenamente la vida confiando en que cuando llegue tu fecha realmente todo empezará. Siente tristeza por los que se van antes que tu, llora porque no podrás disfrutar de ellos en esta vida, pero consuélate porque volverás a reír con ellos en la otra. Sigue adelante y adecenta tu camino. Disfruta de los pequeños detalles que vienen a alegrarte la vida. No dejes las cosas a medias, vive cada día como si fuera el último.

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Y tu... ¿caminas conmigo?

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