מִרְיָם – Miryam

En una conversación de hace unos días hablando sobre el honor de ser elegido por unos padres para bautizar a sus hijos, el Padre Julián Lozano sacudió mi interior al decirme “pero tú ¡¡eres madre!!” (y eso es mejor que ser madrina). ¡Cierto! ¿Por qué nos aflige tanto lo que no tenemos, que anula la percepción de lo bueno que sí disfrutamos? Reconozco que ahí empezó un proceso interno que ha ido bullendo, bullendo en mi. Hay que ver cómo es el enanito ese que tenemos en la mente, que un buen día recoge de tu estantería de la memoria aquella cajita y aquella otra y pronto te monta un lego.

Ayer me fui a dormir con esa olla haciendo chup, chup y esta mañana, camino del trabajo, he sabido que mis inquietudes tenían un nombre: מִרְיָם

Miryam fue una joven judía que debió verse en medio de un caos. ¿Te imaginas? Miryam aceptó ser la madre de un mesías. Aquel que muchos marcarían y persiguirían por predicar lo inaudito en aquel tiempo. Y ella aceptó.

Tengo que reconocer que, hablando de fe, quien sacudió un día todos mis sentidos fue Jesús, el hijo. Y muchas veces me descubro ensimismada intentando aprender a mantener su llama, olvidándome del resto de la familia. Y Jesús, el hombre, nunca estuvo solo. Él, fue quien fue, gracias a esa madre con amor incondicional. Si eres madre, te habrás dado cuenta ya que hasta ese momento no sabías lo que era QUERER. Y lo pongo así, con mayúsculas. Querer sin fondo, sin medida, sin nada a cambio. ¿Te parece que jamás querrás a otro hijo como al primero? ¿Te da miedo porque con otro hijo tendrás que repartirte? Pues entonces ¡dos tazas!… y vas y aprendes que el amor se multiplica. Nunca se divide. ¡Qué misterio ese del amor materno!

¿Tú aceptarías ser la madre de un hijo sabiendo que en un futuro iba a sufrir tantísimo? Bueno, en un futuro y quizá no tan lejano. Porque Jesús fue un niño normal de su época, y un joven normal vamos, que no iba con aureola alrededor de su cabeza cuando jugaba con los amiguitos ni nada de eso. Pero no nos olvidemos que sólo por nacer, muchos niños de su edad murieron. ¿Aceptarías la responsabilidad de un hijo tan “valioso”? ¿Aceptarías ver cómo le persiguen, le señalan… aceptarías ver cómo se expone al peligro de muerte y aún así serías capaz de quererle incondicionalmente? Bueno, si eres madre, seguro que sabes la respuesta. Y a lo mejor también eres madre y has tenido que pasar con tus hijos por sufrimientos semejantes, aunque el causante de la pena no se llame “romano” o “fariseo”. Hoy día también hay situaciones y desgracias para sufrir por los hijos.

Cuánto amor no tendría Miryam para ese hijo, que aceptó el sufrimiento sin pensarlo dos veces. Qué ejemplo de madre para cualquier mujer. Qué ejemplo de AMOR para cualquier persona.

Qué sería de nosotros sin el cariño de nuestras madres. Bueno, yo puedo hablarte un poco de eso, porque la mía se fue muy pronto, demasiado. Se que me cuida desde donde está y se que no me deja nunca sola. Por eso, muchas veces le agradezco a Miryam que sea intermediaria y me haga llegar su calor. Fíjate, y es tan generosa, que también me envía el suyo.

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Un comentario en “מִרְיָם – Miryam

  1. ¿Por qué nos aflige tanto lo que no tenemos, que anula la percepción de lo bueno que sí disfrutamos?

    Pues esa es una de las grandes catástrofes de nuestras vidas. Si no superamos eso, estamos perdidos.

    Besos Montse. Y gracias por tus enseñanzas 😉

Y tu... ¿caminas conmigo?

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