Amor de madre.

A principios de mayo, entreparéntesis se puso en contacto conmigo para proponerme escribir una entrada en su web.

Querían hacer un mes temático a las madres y habían pensado que yo podía inaugurar el primer domingo.

Hacía mucho que no escribía. De hecho, este blog está en suspenso desde hace ya ni me acuerdo… Tengo la suerte de escribir cuando quiero y no por profesión. En este tiempo que ha pasado, mi vida ha sufrido cambios, ha evolucionado, han surgido temas que necesitaban mi atención más urgente. Por eso agradezco infinito a mis amigos de los diálogos en las fronteras, que me invitaran a volver al mundo bloguero.

Puede que sea una indicación de lo alto, para recordarme que debo seguir alimentando este rincón de la blogosfera. No se. Debo discernirlo. Debo encontrar la chispa para poder compartirla.

De momento, os dejo la entrada íntegra que también puedes leer en la página original (pinchando aquí).

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Como madre, tengo la bendición de disfrutar de dos hijos muy especiales.

Como todas las madres, se me cae la baba viéndoles crecer y me da un vuelco el corazón cuando se ponen enfermos o cuando sufren injusticias. Como todas las madres, pienso que los míos son los más guapos, los más altos (eso sí es verdad, lo dice el percentil de sus cartillas infantiles) y los más cariñosos del mundo entero. Y no me corto un pelo para decírselo y que lo sepan, ¡que lo tengan claro!: para su madre, ellos son lo mejor… como para cada madre lo son sus hijos (eso también me preocupo por que lo sepan).

Por mucho que mis dos “enanos” me regalen los oídos, yo sé que no soy la mejor madre del mundo. No me importa. Creo que esta vida es un camino que discurre en un momento y un lugar concreto y, al igual que los niños no vienen con un libro de instrucciones debajo del brazo, a ningún padre o madre le hacen un examen, tipo “carné de conducir”, que diga si somos aptos para circular por la vida con un hijo a cargo.

Pocas horas después de mi primer parto, una enfermera me dio el mejor consejo: “No mires a tu hija como un apéndice de ti, sois dos personas diferentes. Ahora tenéis que aprender a trataros y a quereros la una a la otra”.

EL AMOR. El amor entre una madre y su hijo. Da igual qué madre y qué hijo. Creo que esa es la receta que nos salva de todo error u omisión. Da igual el tipo de madre que seas o la situación en la que te encuentres, siempre que te defina ese vínculo.

Como soy consciente de no ser una “madre perfecta” procuro mirar alrededor y APRENDER de otras madres que me parecen mucho más ejemplares que yo.

Tengo muy presente, por ejemplo, la ENTEREZA y la CONSTANCIA de las madres de hijos con necesidades especiales. Nunca se rinden ante el golpe de saber y aceptar que su hijo no es como los demás. Ver cómo muchas veces, son marginados y marcados por una sociedad que no les entiende ni les ayuda. Sí que socialmente hemos recorrido mucho camino en este tema, pero burocrática e institucionalmente queda todavía mucho por recorrer.

Me enamora la GENEROSIDAD de las madres que no han concebido en su útero, o que acogen por limitados espacios de tiempo ¡Qué fácil es ser madre amantísima de una criatura nacida de ti! ¡Qué fácil es regalar tu amor a los hijos que te pertenecen!… qué fácil olvidarse de los demás hijos, de las demás madres.

Me contagio de la FUERZA de las madres solas, de su LUCHA por sacar adelante a esas criaturas contra viento y marea o, peor aún, siendo objeto de malos tratos. Sufro (he sufrido y he llorado) junto a madres que han decidido despedirse de sus hijos antes de que ellos vieran la luz de esta vida… algunas llorando amargamente esa despedida. ¿Quién soy yo, que tengo casa y trabajo estable y dos hijos sanos, para condenarlas? ¿Acaso no sé también cuánto se quieren los hijos, sólo por ser hijos?… También sufrí y recé junto a una madre hindú que por AMOR, luchó por la vida de su hijo nonato condenado por la medicina. Y me alegré dando gracias, cuando nació sano. Lo mejor es que ella lo deseaba aún si no lo hubiera estado.

Me parte el alma pensar en los regazos vacíos de las madres de las niñas secuestradas en Nigeria, casadas a la fuerza. Muchas no volverán a sus hogares, por desgracia. Hice mío esta Navidad, el DOLOR de una madre siria a quien el ISIS arrebató de las manos a su hija de tres años, con el mismo fin.

Tampoco puedo ni pensar la desesperación que sentirán las madres que por causas de guerra o carestía o por marginalidad social, no puedan alimentar a sus hijos.

Me duele pensar en las madres cuyos hijos, o ellas mismas con sus bebés en brazos o por nacer, se lanzan a cruzar el mar en una patera. ¿No haría yo lo mismo con tal de asegurar a mi hijo una vida digna, un futuro… el pan de cada día?

Ante todas ellas, me miro y siento la pequeñez de ser una madre más. Siento el “egoísmo” de poder abrazar, alimentar y vestir cada día a mis hijos, en cada momento. No es una CULPA, es una “RESPONSABILIDAD de compartir”.

Ante ellas educar a mis hijos, se convierte en la ALEGRÍA de poder enseñarles a caminar y a construir nuevos caminos en el futuro más justos para todos.

Como creyente, miro a la madre de Cristo y le pregunto cómo amó ella a su Hijo, en cada momento. María, en silencio, siempre me enseña el buen camino.

Confieso, que la asignatura que más me va a costar es aprender a dejarles volar. Y ¡qué dicha si vuelan solos y con alas fuertes!

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Cómo construir un reloj visual con poco presupuesto.

Cuando nuestros hijos son pequeños, lo más complicado es hacerles entender el tiempo. Para ellos es un concepto muy elástico y depende del estado de ánimo: según si se divierten, se distraen o están motivados el tiempo es poco o poquísimo…  o por el contrario es mucho o muchísimo.

En la educación primaria es sobre los 8 años cuando empiezan a aprender las equivalencias temporales. Ahí es cuando entienden el valor de la unidad de tiempo. Hasta ese momento, el tiempo se mide en ahora, antes y después.

Un recurso muy bueno son los RELOJES VISUALES. Más que darnos las horas (los hay que las dan), nos muestran el paso del tiempo. Incluso “descuentan” el tiempo para que el niño aprenda a gestionar ese tiempo que se le da para realizar una tarea.

Si quieres ver cómo funcionan unos relojes visuales desarrollados y comercializados con todo detalle, visita este enlace pinchando en la foto:

time-timer-plus-visual-timer_9fe3c8Esta idea de medir así el tiempo, además de para “entrenar” a tus hijos pequeños en la autogestión del tiempo, sirve para trabajar el tiempo con niños que presentan transtornos del espectro autista (TEA) o incluso discapacidad intelectual.

Sencillamente es un cronómetro visual donde a los niños no se les da la posibilidad de concentrarse en el movimiento de las manecillas (los niños que presentan TEA pueden llegar a obsesionarse con esos movimientos repetitivos y olvidar la tarea que deben realizar) o simplemente se concentran en cumplir la tarea encomendada dentro del tiempo acotado (para ellos, el presente).

Me ha parecido una herramienta muy útil para realizar los deberes en casa. A todos los papás nos pasa en mayor o menor medida, que sentarnos a hacer los deberes suele acabar en desastre.

No le transmitas a tu hijo: “Vamos a estar toda la mañana haciendo deberes”, “Ahora tocan dos horas de deberes”… Simplemente ve presentándole las actividades a realizar y márcale el tiempo en el que debe hacerlas con un reloj visual. Cuando venga a darse cuenta, estarán hechas y habrá pasado ese tiempo completo.

Pensé en cómo hacer un reloj visual casero, barato y que funcionara… y esta es mi solución:

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Compré este reloj de mesa con esfera clara en un bazar, a un precio realmente barato (no llegaba a 3€). El cristal de la esfera es totalmente plano (bueno, es todo de plástico) y eso facilita el siguiente paso.

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 Utilicé un viejo separador de acetato que tenía algunos agujeros rotos. En este caso, hay que asegurarse que el color sea transparente y de una tonalidad que deje ver la aguja del minutero, que es la que nos interesa.

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Presenta el acetato sobre la esfera del reloj y sujétalo firmemente mientras dibujas la circunferencia. Recorta por la línea que has dibujado y comprueba que se ajusta a tu reloj. Recorta tantos círculos como franjas horarias quieras hacer.

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Ahora te enseño cómo hice el círculo de 45 minutos. Presentando el acetato sobre la esfera y sujetándolo firmemente, señalé el cuarto de hora que “sobraba”. Es importante marcar también el punto central que corresponde al tornillo de las manillas. Cuando recortes, acuérdate de no llegar hasta el centro y rodea ese punto.

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Estas son las franjas que yo he hecho, listas para utilizar en actividades que requieran diferentes tiempos.

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Haz unas pequeñas bolitas de Blue Tack o similar y pégalas en el punto central de cada segmento.

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Ahora puedes disponer el segmento que te interese sobre la esfera del reloj para señalar la franja de tiempo en el que debe realizarse la tarea.

Es importante que tu hijo vaya “entrenándose” a gestionar responsablemente su tiempo. Puede que al principio necesite tu presencia y la del reloj, pero la idea es que poco a poco vaya quedándose sólo. Puedes explicarle la tarea, darle el tiempo colocando el segmento en el reloj y decirle: este es el tiempo que tienes para hacerla, ahora vuelvo.

Comienza por segmentos de tiempo pequeños y ves alargando el tiempo y la dificultad de la tarea de forma paulatina. Dependerá de la edad del niño, recuerda que cuanto más pequeños, menos capacidad de concentración tienen.

Libertad.

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Tengo clavados en el alma dos ojos negros de cinco años que me miraban interrogantes entre la multitud. Querían saber qué era aquello que los otros niños veían fascinados desde los hombros de sus papás. Esos mismos que le impedían la visión por ser tan pequeño.

Me miraba interrogativo, esperanzado… desesperado. Y yo, que no podía resistirme a tanta inocencia, quise echarle los brazos para auparlo. La cabalgata estaba en todo su auge: diferentes personajes infantiles de espuma desfilaban en ese momento por delante nuestro. Mis propios hijos, boquiabiertos, sonreían y les llamaban a voz en grito.

Y sus ojos seguían fijos en mi.

¿Cómo un niño sólo entre tanta gente? Miré a mi alrededor intentando localizar a sus acompañantes y enseguida vi a una pareja joven de procedencia árabe, musulmanes. La vestimenta de ella, lo anunciaba. Portaba un paquetito de una confitería cercana bien envuelto con un lacito, y miraba (ilusionada) los mismos personajes que los ojos de su hijo no podían ver, bloqueados por el gentío.

Tengo que reconocer que esos datos me frenaron. Puede que esos padres no querían que su hijo viera una fiesta pagana a sus ojos. Puede que no consideraran darle esa educación. Entonces… ¿por qué acudieron?

En medio de mi indecisión desfiló el montaje del palacio de oriente, con grandes abanicos de plumas y muchachos vestidos con ropas bombachas; unas bolas de plástico gigantes encerraban guapas bailarinas de la danza del vientre que se movían al ritmo de tambores y dulzainas. La madre de los ojos negros comenzó a aplaudir, se involucró en el desfile. Pero los ojos negros seguían fijos en mi.

Su padre, atento, también me miraba.

Ese día le vi pasar en los ojos de ese niño, y no fui capaz de auparle.

Cuando Papá Noel y los Reyes Magos hacen magia.

Muchas veces nos sorprenden nuestros pensamientos con ideas nostálgicas sobre la Navidad. Claro… es que ahora ya no es lo mismo, decimos. Cuando era niño, todo se rodeaba de magia, veíamos ese tiempo de espera, de otra manera… Ahora ya somos mayores y mira qué listos somos, que nos hemos cargado el saquito de polvo de hadas y encima, nos sentimos satisfechos. Ahora… ¿qué quieres?

La magia está a tu alrededor, sólo tienes que cerrar los ojos y sentirla. Mis días de Reyes Magos se quedaron bastante atrás, pero aún así cada año me levanto mirando a ver si tengo algo encima de las zapatillas. ¡Claro!, aprende que todo no está en recibir… si antes no has dado. Eso también te lo enseñan los Reyes cuando eres pequeño: si no te has portado bien, si no has estudiado en el cole, no hay regalos.

Pues, aplícate el cuento!!

Este año estoy segura de que se ha encendido una luz de alarma en el Polo Norte y en Oriente. Después de un año difícil… pero difícil!!!, hemos encontrado el buen camino escolar. Los peques de la casa vuelven a estar concentrados y con su piquito abierto esperando conocimientos cual pajarillos en el nido. Han desarrollado capacidades y están empezando a interesarse por cosas “importantes”. Vamos, de nivel. Mira si no, este dinosaurio pintado sólo con los colores primarios. Sí, sí.. sólo hemos utilizado el azul, el rojo y el amarillo ¿difícil? ¿¿y si te digo que el peque en cuestión tiene 7 años??… ¿¿imposible?? nooooo… el imposible está en tu cabeza, nunca en sus manos.

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Claro, esto lo ha hecho un niño de 7 años… motivado y deseoso de demostrar que se podía hacer magia con sólo tres colores. Antes de llegar a este dibujo, se ha pasado varias tardes ensayando mezclas en varios papeles, degradando colores y aprendiendo a manejar el lápiz de color de “otra manera”. Ese lápiz ya no es para escribir, no hay que hacer un surco en el papel para que la tinta se incruste. Hay que trabajar con suavidad, dominando el utensilio pero sin estrangularlo. Y hay que utilizar la vista. Hay que mirar, observar. Detenerse y gastar (cambiémoslo por invertir) un tiempo en ver la realidad para poder interpretarla.

Eso se aprende. Muy pocos descubren por si mismos el placer de dibujar, o de leer. Por eso es importante ayudar a los niños, desde pequeños, a crear hábitos de lectura. Y por qué no… hábitos creativos.

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Apuesto lo que quieras a que en eso estaba pensando San Nicolás cuando cargó su saco y entró en esta casa en Noche Buena. Fíjate que cosas traía. “Mamaaaaaaaa!!!!!!!!! mira cuántos colores!!!!!!!! Todos bien puestos y ordenados en la caja… Un libro gordo, gordo (dos mas finitos para el pequeño). ¿Podemos, podemos, podemos??? -Claro! es para vosotros!!

Y los niños desaparecieron durante todo el día.

Por la noche, el pequeño se va a dormir con uno de los cuentos (que claro, hablaba de dinosaurios).

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Sí, mira si le gustan los dinosaurios que me lo he encontrado de esta guisa, todo concentrado en el salón.

-Oye.. pero ¿no estabas leyendo uno de dinosaurios?? -Sí, pero lo he acabado. Mira ahora voy por la mitad del otro. Es que Papá Noel ¡¡sabía lo que me gustaba!! Qué sorpresón me ha dado!

Sí, Papá Noel y los Reyes saben escuchar, y observar. Y saben que a veces, la última tecnología o el juguete más caro no es siempre lo más divertido. Llegarán, ¡claro! Pero no hay que poner toda la magia en eso que viene de fuera y quieren hacerte creer que es la llave de tu felicidad. La magia está dentro de nosotros.

¿La sientes?

¿Quién ha dicho que las tablas de multiplicar son difíciles?

Aunque parece que nuestros hijos siempre dan vueltas sobre los mismos conocimientos, la realidad es que en el colegio cada curso es un escalón más en la escalera que les llevará a su vida adulta.
Es necesario que cada vez suban ese pequeño escalón que a penas les costará esfuerzo. De no hacerlo, si se duermen y no trabajan para conseguirlo, el esfuerzo de subir dos o más escalones a la vez puede provocarles un buen golpe. Como en la vida misma, las escaleras entrañan ciertos peligros.
Si en primer curso de primaria, la dificultad estriba en el gran cambio de metodologías y pautas y en el desarrollo completo de la lectoescritura, en segundo uno de los hándicaps son las tablas de multiplicar. 
En este punto de su madurez, los peques ya entienden que no es rentable hacer una suma repetida pudiendo llegar más rápido con una multiplicación. Pero…. memorizar esas tablas interminables ha sido y sigue siendo, tedioso.
No hay otra. Para este tema sólo funciona LA MEMORIA. La denostada memoria que desde hace unos años se castiga como perteneciente a tiempos pasados. La memoria a largo plazo es necesaria. Es nuestro gran almacén donde guardamos esas cosas que nos han de servir para toda la vida. Pero, ¡ojo! no es necesario que para ingresar un paquete en ese almacén, tengas que grabar a sangre y fuego su contenido. Hay muchas maneras de organizar la información, y ten por seguro que si LA COMPRENDES, será mucho más fácil saber en qué parte de ese almacén tienes que dejarla para luego encontrarla fácilmente.
Las tablas de multiplicar tienen muchos truquis que triunfan entre los alumnos. Normalmente, multiplicar no nos da miedo hasta que llegamos a la tabla del 6. 
Con la tabla del 2 y del 3, sabemos contar mentalmente de 2 en 2 y de 3 en 3. La del 4 es el doble de 2 y siempre es par. La del 5 acaba en 0 o 5… pero la del 6.., la del 7, 8 y 9!!! 
La temida tabla del 9, para la que ya nos faltan dedos, narices y orejas en el cuerpo para contar…. ES LA MÁS FÁCIL.

 Cuando a un niño le cuentas que la tabla del nueve es tan fácil como darse cuenta de que en el resultado, la primera columna asciende del 0 al 9 y la segunda desciende justo al contrario… ya se ha aprendido media tabla. Otra regla nemotécnica es usar las propias manos. ¡Siempre las llevas encima!

Mira tus manos y numera los dedos del 1 al 10.
Para multiplicar 9×1, baja el dedo con el nº1… y te quedan 9 (resultado).
Para 9×3, baja el dedo con el nº3. Delante de ese dedo te quedan 2 deditos levantados (2 decenas= 20) y detrás te quedan 7 dedos, que son las unidades. Por lo tanto= 27.
Funciona con todos los números de la tabla del 9. 
Este método sirve para cuando aún están aprendiendo la tabla. Con la repetición continuada de las multiplicaciones, acabarán fijando en la memoria los resultados y será mucho más fácil acudir a la memoria que ir contando deditos.
Por eso, en un principio, déjales utilizar cualquier apoyo que les sirva para facilitarles la memorización.
Como he dicho antes, hasta la tabla del 5 solemos poder memorizar sin problemas utilizando el cálculo mental. Pero con números mayores es más difícil. Parece que si se nos cuela un 8 o un 9 en la multiplicación ya no sabemos cómo contar. No hay problema.
Aquí tienes una ayudita para calcular el resultado fácilmente y utilizando tus manos.

Igual que antes, nombra tus dedos tal y como ves en la figura de arriba. Esta vez, del 6 al 10 en cada mano.
Cada mano, será uno de los números que se multiplica (recuerda que sólo es válido desde el 6×6 al 10×10).
Y ahora, vamos a multiplicar.
Mira el ejemplo de aquí abajo: 8 x 7.

 Toca los dedos que representan el 8 (de una mano) y el 7 (de la otra). Con esos dos incluidos, cuenta de ahí hacia los pulgares cuántos dedos te quedan (en este caso, 5): esas serán las decenas del resultado–> 50.
Ahora, los dedos que están por encima de los que se tocan, y esta vez, sin contarlos. Multiplica los dedos líbres que tienes en una mano, por los de la otra (en este caso 2 y 3) 2×3= 6. Esas son las unidades de nuestra multiplicación.
En total, sumando, encontramos que el resultado de 8×7 son 56.
¿¿Fácil???
¡¡¡Pues no falla!!!

Compruébalo!

9×7= 60+ (1×3)= 60+3= 63

7×6= 30+ (3×4)= 30+12= 42

 Puedes seguir contando. Todos los resultados son correctos. Ya no tienes excusa para aprender las tablas de multiplicar, aunque sean difíciles.

Mi particular visita familiar a Cartagena.

Comprobado!
La jornada familiar en Cartagena ha sido un éxito!!

Los niños llevaban una semana pensando en la excursión de hoy. No sabían a dónde íbamos, …era una sorpresa. En varias ocasiones preguntaron si el lugar era tal o cual, pero ni se imaginaban la aventura que iban a vivir este sábado de diciembre.
Anoche, al ir a dormir, ya esperaban nerviosos la mañana como si fuera el día de Reyes. Quizá por eso no ha hecho falta insistirles mucho a la hora de levantarse. Rápidamente se han ocupado de estar listos para ir a donde fuera que les lleváramos, con la promesa de que durante el viaje les contaría parte de la historia.
Porque hoy han conocido ¡mucha historia!
Mis peques tienen la suerte de tener a su tía viviendo en Roma y eso les ha dado la ventaja de poder visitarla a ella… y a la ciudad eterna. Además son devoradores de cuentos e historias, de datos y conocimiento (como cualquier niño). Quizá por eso no les costó nada asimilar toda la información que descubrieron en el Museo della Civiltà Romana durante nuestra última visita a la ciudad.

Si vais con niños a Roma, es uno de los mejores museos que podéis visitar. Allí descubrirán (y vosotros también) mediante maquetas y objetos, la fundación de Roma y el alcance del Imperio que llegó…. hasta Cartagena, por ejemplo.
El episodio de la fundación de la ciudad, de su conquista por los romanos y de la importancia que tuvo desde entonces en el Mediterráneo, os lo narra Santiago Posteguillo en su trilogía sobre el General Scipión de forma brillante.
Un resumen, más o menos, es la historia que mis peques han escuchado mientras el coche recorría el camino hacia nuestro destino: los romanos que salieron del puerto de Ostia (lugar que ellos también conocen), llegaron hasta Tarraco y recorrieron el Mediterráneo hacia el sur para conquistar Quart Hadast.
Ese lugar era nuestro destino de hoy. “Quart Hadast” quiere decir “La ciudad nueva”, porque les recordaba al lugar de donde eran originarios: Carthago. Por eso la historia también la ha nombrado como Carthago Nova. ¿Os suena? ¿Adivináis ya hacia dónde nos dirigimos?… “Yo he oído un lugar que se llama Cartagena”. ¡Bingo! a ese lugar, estamos llegando.
Cartagena es una ciudad que merece ser paseada. Así que nada más entrar, hemos dejado el coche y callejeando hemos llegado hasta La Casa de la Fortuna.



Pisar piedras que hace tantos años otras gentes pusieron ahí, es todo un acontecimiento. Las historias, dejan de ser cuentos para convertirse en algo que pasó. Los personajes vuelven a la vida en el recuerdo, y ese legado nos llega para que seamos capaces de conservarlo y transmitirlo a las siguientes generaciones.

Jugar a “ser romanos” en los lugares que ellos construyeron y habitaron, es la mejor manera de aprender historia.
Volvemos a la realidad. Subimos al nivel de la calle y caminamos unos cuantos metros hacia el mar. Allí nos espera el Museo-Refugio de la Guerra Civil. Y allí empieza nuestra actividad guiada del día: La magia de los Cuentos.

Nos adentramos en el refugio para descubrir los cuentos de siempre mediante las pistas que sus personajes han dejado por los rincones.

Los pequeños disfrutan guiados por Maria. Todos quieren contar esa parte del cuento que más les gusta.

Una manzana.. es muy fácil!.. Un ladrillo y paja, ¡Los Tres Cerditos!!

Un garfio olvidado sobre un pupitre… tic, tac, tic, tac…

Los mayores nos reímos con sus ocurrencias y a la vez, descubrimos esa historia que hay más allá de los objetos que los niños contemplan.

Ha sido una experiencia cautivadora. ¡¡El tiempo ha pasado volando!! Hemos hecho buenos amigos y nos hemos divertido mucho. Queremos volver!!
Pero mientras, recordad:
Volvemos a salir a la calle. Ya es mediodía, queda tiempo para una última visita: subiremos al castillo de Quart Hadast!… pero no lo haremos como los antiguos, lo haremos rápidamente utilizando el moderno elevador que está en la misma puerta del museo.

Al llegar arriba, encontramos una replaceta con la linterna. El antiguo faro que señalizaba el camino hacia tierra firme.
¿Quién es ese señor?… pues en la inscripción dice…

Dentro del castillo podrás encontrar una interesante exposición interactiva sobre la fundación de la ciudad y el valor estratégico que siempre ha tenido en el Mediterráneo. Si tienes tiempo, merece que la veas, si vas con niños quizá te interese escoger alguno de los vídeos y subir a la terraza superior a admirar las vistas de la ciudad y el puerto. Es ahí donde podrás apreciar mejor cómo fue la batalla de la conquista por parte de los romanos.

Ahora sí, ya era hora de reponer fuerzas. Nos lo habíamos merecido. Y qué mejor que un arroz de mariscos recién traídos del mar que tenemos justo delante. En el mismo muelle de pescadores, Buenísimo!!

Ahora teníamos que volver al coche. Paseando por la cuesta del Batel, admiramos la muralla, el C-101 de la Patrulla Águila que hay enclavado allí pareciendo que despegua sobre nuestras cabezas; encontramos un parque irresistible para los peques que quieren “jugarlo” un ratito… El sol dorado sigue calentándonos las espaldas.
Volveremos.

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Quiero agradecer a Puerto de Culturas su amabilidad al permitirme realizar y publicar fotografías durante la actividad familiar en el Museo-Refugio, así como el utilizar informaciones gráficas propias para documentar esta entrada.
Y un agradecimiento especial a los guías del museo y del Castillo de la Concepción, que nos han atendido con total diligencia y simpatía durante todo momento, con especial atención a los niños que participaban en la actividad.

Montse Martí.

Embarazos múltiples, el caso de Mirela.

Como ya sabéis a estas alturas, tengo otro blog que me publican periódicamente en Guapamurcia.
Está enlazado aquí mismo, podéis acceder a él desde el menú de aquí arriba.
Ya llevamos algunas entradas dedicadas a los más pequeños y su relación con los “sufridos” papás. Pero quería haceros llegar expresamente esta nueva entrada, por su singularidad.
 
Es el caso de una muchacha que vive en Fortuna (Murcia), el lugar donde yo trabajo. Va a reunir entre sus dos embarazos a 5 hijos. Una muchacha joven y valiente que le ha hecho frente a las dificultades.
 
Pinchad aquí: Embarazos múltiples, el caso de Mirela y descubriréis por qué lo digo.
 
De momento se me ocurre tejerle tres pares de patucos, ¿no?