Ser lo que tenemos que ser.

¿Hace falta estar sin compañía para poder decir que estás sólo?

Seguro que a estas alturas de tu vida sabes la respuesta sin tener que pensarlo demasiado. Y más hoy, en un mundo hiperconectado donde la comunicación es el centro de la vida cotidiana, podemos estar solos. Lo ideal sería saber buscar ese equilibrio entre soledad y acompañamiento. Porque también necesitamos momentos de silencio para escucharnos por dentro.

Lo malo es cuando hay tanto ruido, que no nos oímos. Y lo peor es cuando hay tanto ruido, que nadie nos escucha. Si estás ahí, entonces busca sombra y agua… porque estás en el desierto.

desierto

El desierto, ese lugar inhóspito en el que no sabes si vas o vienes; en el que es imposible sobrevivir porque el sol abrasador y el frío extremo te quitan lo que tienes de humano. Ese lugar en el que no puedes orientarte porque todo es igual. ¿Has vivido alguna situación en tu vida que te haga atravesar ese descorazonador desierto?

No te preocupes más de lo necesario, si algo bueno tiene el desierto es que te da el tiempo y el espacio para escucharte a ti mismo. Luego todo volverá a su cauce. Un día encontrarás una palmera y esa palmera dará paso a un oasis. Mira, según mi experiencia, la mejor brújula para salir de ahí es el corazón. Escúchalo! Cierra los órganos de la visión y abre los ojos del alma. Escucha a quien siempre apuesta fuerte por ti. Algunas veces esa voz vendrá en forma de alguien a quien aprecias, otras será un desconocido, muchas otras serán cosas sin importancia del día a día. Aprende a ser humilde para poder verlas y, sobre todo, aprende a ser humilde para reconocer que eres una gotita de agua más en ese océano. Una más, nunca una menos. Sin tantas gotitas de agua, el océano no sería lo que es.

soñar-con-océano

¿Te has dado cuenta? al igual que el desierto, el océano está formado por millones y millones de partículas. Y los dos están iluminados por el mismo sol. Pero a diferencia de los granos de arena del desierto, en el que cada una lucha por ser la duna más alta, en el océano todas esas partículas se conjuran para ser el todo. El agua no es pez, el pez no es concha, la concha no es yodo, el yodo no es arena… pero todos juntos son la vida.

No pienses qué grano de arena eres en el desierto, piensa qué parte del océano te ha tocado. Mira en tu interior y se humilde para reconocer que tienes mucho que ofrecer de ti mismo para ser océano. ¿Te ha tocado ser gota de agua? ¿quizá eres el diente del tiburón?… y dime, ¿Puede uno sobrevivir sin el otro? ¿Quién es más importante de los dos? ¿Puede cada uno de ellos, por sí mismo, llamarse océano?

Tú eres tan importante por ti mismo como el océano, pero necesitas del resto para que todo cobre sentido. Escúchate y escucha a quien tienes al lado. Teje una red sólida en la que tú seas uno de los nudos y ayuda a que sea la vida la que hable por ti, una vida llena de luz en un océano enREDado.

Océano enREDado. Foto de Xiskya en instagram. http://instagram.com/p/ieuPn7t8rp/#

Océano enREDado. Foto de Xiskya en instagram. http://instagram.com/p/ieuPn7t8rp/#

San Juan 1, 16 -28

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Pastel de salmón fácil (fáaacil!!) para Nochevieja.

 

Llega Nochevieja y volvemos a meternos en las cocinas para festejar esa noche especial del año en la que la juerga y la jarana no pueden faltar. Es un “volver a empezar”, como si a partir de esa noche toda nuestra vida pusiera el contador a cero y nos diera la oportunidad de no volver a cometer los errores pasados.

En realidad todo sigue, pero no está de más una reflexión de nuestro interior. ¿Por qué no revisar nuestra lista de debe y haber? ¿Por qué no tener buenos propósitos para el año que comienza?. Si está en nuestra mano, ¿por qué no mejorar?.

Hace varios años que en casa celebramos Nochevieja con familia y amigos. “Muchos” son bienvenidos porque cuantos más seamos, más reiremos. La cena es informal. Lo importante es celebrarlo juntos: reírnos, juguetear con las uvas mientras llegan las 12 de la noche, contar un chiste mientras suenan las campanadas y hacer que alguien “se descuente”.

Eso es lo importante.

Si para la cena de Nochebuena somos más tradicionales, para esta noche me gusta buscar aperitivos o bocados nuevos. La cena es semi-fría, paso de poner un segundo caliente porque suele quedarse en el plato y no me gusta tener que tirar comida. Las Nocheviejas de picoteo, en casa, siempre triunfan. Hace años que hago este sencillo pastel de salmón que tiene bastantes adeptos. El año pasado no lo hice pensando que estarían cansados de él… y este año ya me han hecho saber que no puede faltar.

Es muy sencillo. Tanto, que pueden hacerlo los niños. Es mejor si lo preparas la tarde del día anterior y lo guardas tapado en la nevera (sale más bueno). Puedes hacerlo de cualquier tamaño, incluso puedes hacer medida “canapé”. Prueba, prueba… repetirás.

pastelSalmón

Necesitarás:

Pan de molde sin corteza. Lechuga. Atún. Huevo duro. Salmón ahumado (trucha o similar). Mayonesa.

Para decorar: IMAGINACIÓN. Puede ayudarte también algo de caviar (huevas de mújol o similar), pimiento rojo asado, varitas de cangrejo (de las que ves en la foto), anchoas…

Se trata de hacer pisos de pan de molde, embadurnados de mayonesa, con: lechuga picada (1ºpiso), atún desmigado (2ºpiso), huevo duro picado o rallado (3ºpiso). Tapa el huevo con otro piso de pan de molde, reboza todo el pastel de mayonesa y decora poniendo las lonchas de salmón justo por encima.

Este pastel que ves en la foto es el tamaño estándar que suelo hacer. Utilizo 3 panes de molde x 4 alturas (12 rebanadas). Del tarro grande de mayonesa suele quedarme bien poco. Para el atún, 2 latas serán suficientes.

No necesitas cocinar nada, ni utilizar ningún utensilio específico más allá de un cuchillo. Por eso es ideal para que los niños ayuden, se entretengan y aporten algo a la cena especial de Nochevieja. Móntalo directamente en la fuente en la que quieras presentarlo porque una vez montado, no podrás “traspasarlo” a ningún sitio. Cuando lo tengas, pincha algún palillo en la superficie y tápalo con papel de plata para evitar que se reseque. Mételo en el frigorífico y olvídate hasta el día siguiente que lo saques para presentarlo a la mesa.

Triunfarás. Ya me contarás.

Cuando Papá Noel y los Reyes Magos hacen magia.

Muchas veces nos sorprenden nuestros pensamientos con ideas nostálgicas sobre la Navidad. Claro… es que ahora ya no es lo mismo, decimos. Cuando era niño, todo se rodeaba de magia, veíamos ese tiempo de espera, de otra manera… Ahora ya somos mayores y mira qué listos somos, que nos hemos cargado el saquito de polvo de hadas y encima, nos sentimos satisfechos. Ahora… ¿qué quieres?

La magia está a tu alrededor, sólo tienes que cerrar los ojos y sentirla. Mis días de Reyes Magos se quedaron bastante atrás, pero aún así cada año me levanto mirando a ver si tengo algo encima de las zapatillas. ¡Claro!, aprende que todo no está en recibir… si antes no has dado. Eso también te lo enseñan los Reyes cuando eres pequeño: si no te has portado bien, si no has estudiado en el cole, no hay regalos.

Pues, aplícate el cuento!!

Este año estoy segura de que se ha encendido una luz de alarma en el Polo Norte y en Oriente. Después de un año difícil… pero difícil!!!, hemos encontrado el buen camino escolar. Los peques de la casa vuelven a estar concentrados y con su piquito abierto esperando conocimientos cual pajarillos en el nido. Han desarrollado capacidades y están empezando a interesarse por cosas “importantes”. Vamos, de nivel. Mira si no, este dinosaurio pintado sólo con los colores primarios. Sí, sí.. sólo hemos utilizado el azul, el rojo y el amarillo ¿difícil? ¿¿y si te digo que el peque en cuestión tiene 7 años??… ¿¿imposible?? nooooo… el imposible está en tu cabeza, nunca en sus manos.

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Claro, esto lo ha hecho un niño de 7 años… motivado y deseoso de demostrar que se podía hacer magia con sólo tres colores. Antes de llegar a este dibujo, se ha pasado varias tardes ensayando mezclas en varios papeles, degradando colores y aprendiendo a manejar el lápiz de color de “otra manera”. Ese lápiz ya no es para escribir, no hay que hacer un surco en el papel para que la tinta se incruste. Hay que trabajar con suavidad, dominando el utensilio pero sin estrangularlo. Y hay que utilizar la vista. Hay que mirar, observar. Detenerse y gastar (cambiémoslo por invertir) un tiempo en ver la realidad para poder interpretarla.

Eso se aprende. Muy pocos descubren por si mismos el placer de dibujar, o de leer. Por eso es importante ayudar a los niños, desde pequeños, a crear hábitos de lectura. Y por qué no… hábitos creativos.

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Apuesto lo que quieras a que en eso estaba pensando San Nicolás cuando cargó su saco y entró en esta casa en Noche Buena. Fíjate que cosas traía. “Mamaaaaaaaa!!!!!!!!! mira cuántos colores!!!!!!!! Todos bien puestos y ordenados en la caja… Un libro gordo, gordo (dos mas finitos para el pequeño). ¿Podemos, podemos, podemos??? -Claro! es para vosotros!!

Y los niños desaparecieron durante todo el día.

Por la noche, el pequeño se va a dormir con uno de los cuentos (que claro, hablaba de dinosaurios).

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Sí, mira si le gustan los dinosaurios que me lo he encontrado de esta guisa, todo concentrado en el salón.

-Oye.. pero ¿no estabas leyendo uno de dinosaurios?? -Sí, pero lo he acabado. Mira ahora voy por la mitad del otro. Es que Papá Noel ¡¡sabía lo que me gustaba!! Qué sorpresón me ha dado!

Sí, Papá Noel y los Reyes saben escuchar, y observar. Y saben que a veces, la última tecnología o el juguete más caro no es siempre lo más divertido. Llegarán, ¡claro! Pero no hay que poner toda la magia en eso que viene de fuera y quieren hacerte creer que es la llave de tu felicidad. La magia está dentro de nosotros.

¿La sientes?

Un manjar con canela.

Que sí, que a veces lo mejor no es lo más caro. Poner un manjar en la mesa, un día de fiesta no quiere decir dejarte el sueldo que no tienes. ¿Qué tal algo de pollo? ¿Pavo quizás?

¿Tienes cebollas, dos o tres clavos de especia, canela en rama y algo de coñac?

Pues tienes este plato que está buenísimo y cuya receta se la debo a mi querida tía Loli. Siempre he creído que este manjar es una manera de cocinar muy antigua, de las que vienen de siglos atrás. Cuando hablamos de incluir especias y ciruelas pasas (ah, si.. ciruelas pasas con o sin hueso también necesitarás) siempre me viene a la mente la cocina del Mediterráneo sur, de las costas de África. Esa cocina que llegó para quedarse al sur de la Hispania romana durante algunos siglos y que hoy se camufla en muchos de nuestros platos y dulces.

Lo dicho. Si quieres sofisticar el plato, cara a la presentación final, cambia la cebolla a gajos por cebollita francesa. Puedes cocinar un pollo a trozos, o presentar jamoncitos. A mi me gusta más el sabor del pollo de corral en esta receta, pero el insípido pavo también queda estupendo. El sabor final del guiso será el mismo. Las cantidades son al gusto, lo único que debes vigilar es de no poner más de 3 o 4 clavos de especie, porque te amargará el sabor.

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En una cazuela, pon un poco de aceite y fríe los trozos de carne (a los que has añadido sal) para que se doren. Baja el fuego de la cazuela y añade la cebolla a gajos (o pon directamente las cebollitas francesas peladas). No te quedes corto al poner cebolla, ella será la que sudando, sudando, aportará la mayoría de líquido al rustido.

Cuando la cebolla empiece a cambiar de color, riega todo con coñac y flambéalo. Una vez acabada la llama, añade el clavo y la canela en rama. Da unas vueltas a todo, baja el fuego y tapa la cazuela. Si cocinas con ollas de las que no dejan escapar el calor, mejor.

A partir de ahora, prohibido meter la cuchara de palo en la cazuela. Bastará con que de vez en cuando, le des un meneo y vuelvas a taparla. Cuando le quede poco a la carne para estar cocinada, añade las ciruelas pasas. Vuelve a tapar y sigue removiendo de cuando en cuando para que no se te pegue nada. Recuerda que el fuego debe estar medio-bajo.

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Puedes acompañar la carne con unas patatas dado, o con un arroz blanco aromatizado tipo basmati.

Y para que veas que esta receta tiene mucha solera en nuestra cocina, te dejo una canción de la gran Imperio Argentina: échale guindas al pavo (ciruelas pasas), que yo le echaré a la pava azúcar (coñac), canela y clavo.

Buen provecho.

Feliz Navidad

 

Confiar, esperar, amar… Navidad.

Adviento.

Tiempo de preparación. Inicio. Espera. Viaje al interior. Gestar una nueva vida lleva su tiempo, su cocción. El sabor de lo reposado siempre gana frente a lo cocinado con prisa, sí. La comida rápida gana en sabor momentáneo, pero luego te deja un fondo o un vacío (o un empacho) que no.. que no convence.

En este mundo comercial en el que en verano ya te anuncian el inicio de curso, en septiembre Halloween y en octubre encuentras polvorones por los pasillos de los súper; en este mundo, parece que nos hemos olvidado de vivir lo que significa la Navidad.

¿Qué es para ti la Navidad? ¿Cómo la recuerdas? Seguro que tienes buenísimos recuerdos de tu infancia que se han ido diluyendo conforme crecías. Y sí, siempre es eso que cuentan de quererse, de compartir, de acoger a los demás.. que tristes unas navidades estando solo, no?

De repente me topo con este tuit.

tuitSinTrabajo

Xiskya, como siempre, iluminando mi camino interior. Vaya! la cruda realidad.

Como si hubiera sido un choque brutal contra algo duro, viene a mi memoria y a mi ánimo una Nochebuena en especial. Llevábamos varios años de penalidades, salvando los reveses de la vida con cierto… digamos, estilo. A cada situación difícil, juntos, encontrábamos una solución. Bueno, esa urgencia por arreglar las cosas modificaba nuestra forma de vivir, pero lo importante era que estábamos juntos. Yo me fui a buscar trabajo a otra ciudad, a 600km separada de mi familia, precisamente para que la familia subsistiera, pero en la distancia… seguíamos juntos. No duró mucho, para Navidad (bendita Navidad) volvíamos a estar físicamente… juntos. Aprendimos a vivir en otras casas que nos acogieron, aprendimos lo que fue la caridad, el cariño que otros tuvieron con nosotros. Aprendimos a superarnos y adaptarnos a una vida nueva lejos de la antigua vida cómoda que conocíamos, pero ya caducada.

Parecía que todo marchaba, pero hubo otro crack y de todas, todas, nos vimos en la calle a menos de un mes de Nochebuena. No importó, estábamos juntos. Esa fuerza que nacía de nosotros, de nuestro cariño, pudo resolver todos los problemas. Vendimos lo poco que teníamos y empezamos de cero… otra vez. Teníamos lo básico: un techo, un lugar donde dormir y una vieja cocina que no tenía mesa, ni sillas, ni tele. Pero nada importaba porque, otra vez, volvíamos a plantar cara al “mal tiempo”… juntos.

Llegamos al límite con la fecha, dos días antes de Navidad nos atareamos para adecentar la nueva morada. También llegamos al límite con la cuenta corriente. Nos habíamos quedado literalmente “pelados”. Partíamos de cero, y de verdad. Vivíamos ahora en plena avenida de la ciudad, lleno de tiendas, lleno de luces, lleno de ofertas suculentas (y carísimas) para Navidad. ¿Qué Navidad?. Para la nuestra no podía ser… nosotros esa noche cenamos un hervido de judía verde con salchichas a la plancha. Recuerdo a papá, a mamá, a mi hermano y a mi “recién” novio sentados en mecedoras y sillas viejas, alrededor de una mesa de playa, cantando villancicos y riéndonos porque estábamos… juntos.

Nunca he vivido una Nochebuena tan auténtica como esa. No había de nada, pero había confianza, había amor, había fe. Había TODO, aunque no hubiera nada.

Bueno y había también una botella de Faustino V, el único lujo que nos permitimos mi hermano y yo. Ese fue el regalo que le hicimos a mi padre entre los dos y que él quiso compartir esa noche con su familia. Ha llovido mucho. Pero desde entonces no hay día que, cuando cocino hervido para los míos, no piense en la suerte que tuvieron aquellas bajocas de ser testigo de nuestra alegría.

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Desde esa Navidad todo ha cambiado. Ya nada es lo mismo. Algunos faltan, otros no están. Y cuando llega otra vez el tiempo de Adviento, siempre abro esa ventana y dejo que entre el maravilloso recuerdo que me enseñó lo que significa de verdad confiar, esperar y amar.

Y tu… ¿crees en la Navidad?